“El dulce amargo del proceso creativo”, Claudia Verdecchia

Claudia Verdecchia-Con borde

V Foro Femenino
24-11-2012 Bilbao, España

Compañía Del Redoble teatro y titeres

El dulce amargo del proceso creativo. Hacía mucho tiempo, que no me sometía a un proceso de investigación escénica y debo admitir que aunque tenía muchas ganas de afrontar el reto, me sentía bastante perdida en cuanto a qué quería investigar, ya que la realidad económica me empujaba más a hacer un trabajo de corte comercial o al menos eso creía y lo cual atascaba un poco el deseo verdadero. La investigación es riesgo y eso lo descubrimos en el primer encuentro, no sólo que mi alma no vibraba en la sintonía de pensar sólo en un aspecto (que pudiera venderlo) sino que estaba pulsando en una dirección casi opuesta, de la propuesta inicial que era hacer un cuento conocido ,clásico e infantil; descubrimos que había una especie de amor-odio hacia ellos que me empujó al universo de la infancia y de la adolescencia, en donde aquellas historias habían estado presentes incluso más de lo que yo hubiese querido, convirtiéndose en la levadura de nuestro pan.

Por fortuna, aquella magia inexplicable que se produce cuando uno se lanza al abismo de las emociones, de las imágenes, del juego de la niña aquella que se aloja en mí, era recibida, transformada, capitalizada por la mirada creadora de Claudio Hochman. Todo servía, hasta las angustias más profundas de no saber, hasta los delirios que siempre creí que no me animaría a probar, hasta lo que no quería hacer lo hice y se transformó en escena; y ante mi anonadamiento funcionaban y funcionan.

Ha sido de esos momentos de la vida en que todo se arma como un puzzle en que algunas de las piezas perdidas aparecen casi místicamente, conformando una poética que creía impensable pudiera construir.

El primer encuentro llegué , sin conocer a Claudio Hochman personalmente pero si conocía algunos de sus trabajos y su trayectoria por supuesto. Estaba nerviosa llevaba una silla antigua que encontró una amiga en la calle y me la dejó en el taller, cuando la vi sentí que ese objeto tenia un magnetismo que había que poner en escena (algún día pensé y ese día llegó).

Allí con mi sillita, toda revuelta yo, porque quería investigar, si, meterme en el abismo convulsamente dulce que significa atrapar un momento, una imagen, una idea, una emoción, en el instante preciso que sucede, atrapar, esa magia, ese sentido, esa inquietud, pero el primer día no sabía todo eso, lo fui descubriendo, de la mano de los ojos de Claudio que no se perdía detalle, que amasaba como barro mis emociones y me invitaba a convertir, la verdad en mentira y la mentira en verdad, y fue tan profundo ese juego; tan apasionante que a veces no sé lo que inventé, ni la escena que me encontró o el hecho que era real y que se ficcionalizó. Lo que sí sé es que entré en ese universo y confieso me cuesta salir; volvió aquella emoción intacta del placer que sentía cuando inventaba algo y se lo creían sabiendo que no era verdad, y ese juego vivificador “ me daba alas”.

Mi pequeño taller lleno de objetos “inservibles”, “los guardo para algún dia” se convirtió en el único terreno fértil junto a mi feliz angustia de estar inquieta, de estar viva, de preguntarme cosas sin parar, de no poder dormir, de entregarme en alma y vida a crear. Tirando del hilo de aquel amor- odio por los cuentos clásicos infantiles apareció la primera nota del recuerdo: unos zapatos azules de plástico duro, que venían en una
revista como regalo de reyes, y alli se abrió la compuerta y un río de imágenes recuerdos y mentiras creíbles afloraron para nunca más parar.

Claudio quería investigar, la línea delgada que existe entre la mentira y la verdad escénica, y alli me zambullí y nadé con una comodidad inimaginable. Las situaciones surgían, llegaban textos que me impactaban, sueños que me rondaban, personajes que me emocionaban, y así cual arañas silenciosas fuimos tejiendo la dramaturgia, encontrando los sentidos, construyendo la poética. Fue sumamente importante compartir con los compañeros de las otras compañías, el espacio de trabajo, el análisis, los nuevos saberes y hallazgos, el trabajo de equipo, el grupo humano.

Cecilia Silva compañera de “el ombligo y la pelusa”, que entre otras cosas fue la que le dió el nombre al espectáculo “Que no lo vea mi madre”, porque cada vez que acababa un ensayo yo decía “esto no lo puede ver mi mamá” .Los compañeros del Teatro de Titeres Los Duendes Alberto y Sise que abrieron las puertas de su lugar para trabajar y nos sentimos como en casa (entre otras miles de cosas), Puri Fariza de Tramant teatre, que siempre me daba devoluciones generosas y acertadas, en fin una grandísima experiencia en todos los sentidos.

Formar parte de Unima Valencia y tener la oportunidad de poder aprovechar estas propuestas que tanto nos hacen falta, ha sido para mi una gran oportunidad, un gran regalo de la vida, como también el de poder ser miembro de este foro femenino que nos da la posibilidad del encuentro, el intercambio y los sueños compartidos. Larga vida al foro.

Infinitamente agradecida.

Esta entrada fue publicada el Lunes, 18 de febrero de 2013 a las 13:07 pm y está archivada en la categoría Ponencias. Puedes seguir los comentarios de esta entrada a través de la sindicación RSS 2.0 . Puedes dejar un comentario, o un enlace desde tu propio sitio.

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